El Cine Español de Tetuán, vestigio urbano de una lengua que sigue visible en la ciudad mientras se debilita en las instituciones. La arquitectura conserva lo que la política educativa deja disolverse.
Note de la rédaction
Ce texte est publié exceptionnellement en espagnol dans Alyaoum24.fr, alors même qu’une version française de cette analyse a déjà été publiée par notre rédaction. Ce choix répond à une intention éditoriale précise et assumée.
L’article s’adresse directement aux responsables, enseignants et décideurs espagnols, trop souvent absents du débat sur la situation réelle de leur propre langue au Maroc. En tant que professeur d’espagnol dans une université marocaine, l’auteur a souhaité intervenir sans médiation linguistique sur une question qu’il observe chaque jour sur le terrain.
Parler de l’avenir de l’espagnol en espagnol relève ici de la cohérence plus que de la provocation. Le français reste la langue éditoriale de Alyaoum24.fr, mais l’espagnol s’impose dans ce cas comme langue du message.
Nous invitons nos lecteurs francophones à recevoir ce texte comme un geste intellectuel dirigé vers l’Espagne, formulé depuis le Maroc, à propos d’une langue que les deux pays continuent d’invoquer sans jamais réellement la penser ensemble.
La rédaction.
Un informe reciente del Observatorio Global del Español pone sobre la mesa una paradoja incómoda. Mientras los intercambios humanos, económicos y migratorios entre Marruecos y España alcanzan una intensidad inédita, el español se repliega en las instituciones encargadas de transmitirlo. Este contraste entre una lengua socialmente viva y una enseñanza en retirada cuenta una historia que desborda el terreno educativo: apunta directamente a una decisión política.
I. Una lengua viva, una escuela en retirada
Hay realidades que se perciben antes de medirse. El español pertenece a la vida cotidiana en Marruecos, con especial arraigo en el norte, pero cada vez más visible también en los grandes centros urbanos interconectados con la economía internacional. Se escucha en los puertos, en los aeropuertos, en las agencias de viaje, en los almacenes logísticos, en los astilleros; se filtra en las llamadas familiares que cruzan a diario el Estrecho en audios breves cargados de cotidianidad. Persisten sus huellas en la memoria urbana de Tánger, Tetuán, Larache, Alhucemas o Nador: acentos, topónimos, giros lingüísticos que el paso del tiempo no ha logrado borrar.
Y, sin embargo, en los colegios y liceos públicos el idioma retrocede casi sin ruido. En apenas quince años, una asignatura antes firmemente implantada ha quedado desplazada hacia los márgenes del currículo. La caída resulta demasiado rápida para explicarla como una simple evolución natural. Responde a opciones administrativas explícitas que han privilegiado la expansión del inglés y han consolidado el francés como lengua estructural en la educación superior y en las trayectorias administrativas. El español ha quedado en tierra de nadie.
Este repliegue contradice la lógica demográfica y económica. España figura desde hace tiempo como principal socio comercial de Marruecos. Más de 920.000 marroquíes viven hoy en territorio español. Antes de la pandemia, millones de turistas españoles viajaban cada año al país. Estas cifras generan prácticas lingüísticas, expectativas laborales y competencias familiares que el sistema escolar prefiere ignorar. La lengua se transmite en hogares, empresas y redes transnacionales, mientras la institución educativa se aparta.
Cuando una lengua deja de enseñarse, pierde legitimidad pública. Se vuelve opcional, secundaria, prescindible. Puede sobrevivir en la sociedad, pero solo se proyecta en el tiempo cuando hay una política que la sostenga. La ausencia de esa política dibuja un horizonte de fragilidad cultural.
II. La universidad en fase de declive acelerado
En la universidad, el deterioro avanza con una rapidez mayor de la que suele reconocerse. Los departamentos de estudios hispánicos, durante décadas semilleros de docentes, traductores e investigadores, atraviesan una degradación acelerada bajo una apariencia de continuidad. Las estructuras siguen en pie, los nombres de las carreras permanecen en los catálogos, pero los efectivos menguan, los itinerarios se erosionan y entre los jóvenes profesores se instala una inquietud que no obedece al temperamento, sino a la ausencia de perspectivas.
Los anfiteatros —término impreciso, pues a menudo se trata de aulas normales con capacidad para un centenar de alumnos— se vacían lentamente de rostros jóvenes. No es una oscilación coyuntural. Delata una pérdida de atractivo de las humanidades y, más específicamente, de los estudios hispánicos. La investigación entusiasma menos, la docencia promete poco, y los estudiantes buscan refugio en disciplinas que ofrecen seguridades más concretas.
Al mismo tiempo, el español prospera en otros espacios universitarios: turismo, comercio, comunicación, traducción aplicada. El idioma se reconfigura y migra del ámbito simbólico al utilitario. El problema no es la lengua, sino el marco institucional que la rodea. A medida que las filologías adelgazan, los programas orientados a la eficacia inmediata se imponen sin una reflexión pública que los acompañe. Tiene lugar un desplazamiento profundo: el saber humanista pierde centralidad y la competencia técnica se erige como medida casi exclusiva del valor educativo.
En la enseñanza privada, la tendencia se intensifica. Centros culturales, instituciones extranjeras e institutos especializados reciben una demanda creciente, a costa de introducir una brecha social cada vez más visible. El español se vuelve pago y, por tanto, selectivo. Deja el espacio de la igualdad escolar para instalarse en la lógica del mercado. Vive, circula, genera valor, pero deja de transmitirse como bien común.
III. De la supervivencia a la política lingüística
El informe del Observatorio es inequívoco: el español en Marruecos no es una lengua « exótica » ni « lejana ». Los datos relativos a migración, turismo e intercambios económicos describen una lengua enraizada en prácticas sociales constantes, incluso cuando la institución educativa vacila. Lo social y lo institucional avanzan en direcciones distintas.
Este desfase apunta a una responsabilidad compartida. Marruecos ha hecho del inglés la llave de su apertura al mundo, sin pensar seriamente el equilibrio de su arquitectura lingüística interna. España, por su parte, ha construido una diplomacia de gestos culturales sin traducirla en una estrategia educativa sólida hacia su vecino más inmediato. Los discursos abundan; la planificación brilla por su ausencia.
En ese vacío emerge una propuesta de alcance estructural: la creación de una Academia Marroquí de la Lengua Española. Lejos de un capricho académico, se trata de una respuesta institucional a un problema institucional. Una academia permitiría unificar criterios pedagógicos, fortalecer la formación docente, impulsar la investigación y, sobre todo, reconocer la existencia de un español marroquí, moldeado por siglos de circulación humana.
Porque existe, desde hace generaciones, una manera marroquí de hablar español, alimentada por la vida portuaria, el comercio transfronterizo, la emigración, los matrimonios mixtos y la historia compartida del norte del país. Prescindir de su institucionalización equivale a condenar esta riqueza a la invisibilidad académica y a la improvisación pedagógica.
Una academia no petrifica una lengua; organiza su vitalidad. Podría articular universidades, centros escolares y redes culturales, con el Instituto Cervantes como socio natural, dentro de una estrategia coherente. El coste sería modesto frente a los beneficios culturales, educativos y diplomáticos. Hablamos de proyección internacional, de capital simbólico, de soberanía intelectual.
Conclusión
Escribo como profesor universitario y como ciudadano marroquí. El español merece algo más que una supervivencia discreta. Exige visión, estructura y coraje político. Tratarlo como una reliquia conduce a una extinción lenta; reconocerlo como recurso cultural abre horizonte.
Que Rabat asuma una lengua que ya atraviesa su sociedad.
Que Madrid deje de ver a su vecino como un mero socio comercial.
El futuro del Estrecho se escribirá en plural. Resultaría incomprensible que esa pluralidad se construyera sin la lengua que lo ha cruzado durante siglos.